De antemano les diré que este es un texto políticamente incorrecto y que habla desde el resentimiento. Este último ha sido permanentemente castigado sin un raciocinio muy lógico, según pienso, pues es muy lógico sentir rabia, sobre todo frente al clasismo. Me harta ver la televisión y no escuchar voces disidentes frente a situaciones clasistas que marcan diferencias incluso cuando se trata de la muerte.
Hace unos días nos enteramos de un accidente en Argentina con consecuencias fatales para tres mujeres chilenas. El trágico accidente no hubiese adquirido tanta relevancia si las fallecidas y los involucrados no hubiesen pertenecido a la clase alta de nuestro país. A casi todo el mundo le molesta que uno diga estas cosas o fruncen el ceño o te dicen resentida o qué sé yo, pero nadie acepta de buenas a primeras que hay un clasismo en la relevancia que se le da a ciertas noticias, a ciertas muertes.
Apareció hablando una mujer cercana a las niñas fallecidas que señalaba que eran niñas buenas, niñas cristianas de Schoenstatt… me pregunto, cada vez que escucho este tipo de declaraciones, si lo que subyace a esto es que es más doloroso que muera un católico a que muera un ateo…Luego, se le da gran énfasis en cada canal a que el tacómetro estaba en 200 kilómetros por hora, pero que es realmente imposible que el padre haya conducido a esa velocidad porque era una persona muy consciente y que lo que marca el tacómetro no tiene necesariamente que ser la última velocidad. Esto probablemente es cierto, lo que me molesta es que cuando es una persona pobre la que conduce y tiene un accidente con un tacómetro a 200, nadie se cuestiona qué pasó o si el error fue mecánico, ya que de inmediato se le atribuiría una relación con el alcohol y, por ende, un error humano.
No pretendo ser incomprensiva con el dolor de quienes pierden a un ser querido, pero sí me parece que si se le da cabida tan continúa a un accidente como este, debería dársele a todos los accidentes que acontecen en el país o algo extraño está pasando frente a nuestras narices. Si hay algo que no puedo dejar de hacer es sospechar, porque la sospecha es la base de la crítica y, en mi opinión, no es un gesto inocente defender y darle tanta importancia a la clase alta, es más bien un gesto político que delimita los marcos de lo ‘ideal’ y del deber ser.
Si me quieren “insultar” diciéndome que soy una resentida está muy bien, porque lo soy y por eso escribo estas cosas y pienso en ello a diario, porque no puedo mantener silencio frente a las estrategias baratas que utilizan los circuitos de poder, como lo ha sido hasta ahora, lucrar con la muerte y sentar el clasismo proponiéndonos un modelo de persona.
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